Capítulo I
Resulta que la Mamama, quería contar un cuento medio loco. Un cuento que no terminara en un final feliz, un cuento que te hiciera pensar y soñar. Que te hiciera querer mas y vivir mas. Un cuento poderoso para una nieta poderosa. Era la historia de una niña que quería ser y lo obtuvo, pero que le costó y no desmayó buscando el resultado que quería: Ser un humano feliz.
Pero hoy que encuentro que has crecido tanto y tan profundamente, que te veo feliz y que quisieras comerte el mundo con tanto amor, que quisieras vivir aventuras y buscar la verdad, ese cuento loco, solo será un poquitín loco.
Y aquí va:
Erase que se era, un espejo maravilloso que a su vez era una sombrerera, tan antigua pero tan antigua, que había visto nacer al tatarabuelo de mi “nieta increíble” a la que llamaremos: Jacinta, como la flor del color que mas te gusta: lila.
Lo bueno de este espejo/sombrerera estaba en que, mostraba lo que pasó y lo que pasaría con solo mover hacia atrás y adelante el gancho mayor situado en el centro! Sólo con una salvedad, mostraba lo que habían visto sus “ojos espejosos” y… eso le fascinaba a Jacinta. Porque conocería de primera mano su historia familiar y en particular, el período de la guerra y las famosas tertulias de su tatarabuela, escritora y pintora (desconocida hoy, pero muy adelantada para su época).
Tenía una sola advertencia: No moverlo del lugar donde estaba y no interactuar con el para modificar nada; a la menor alteración, se borraría todo. Jacinta era pues curiosa y quería ser la protagonista de su propia historia (como todos creo yo).
Pero un día, todo se borró!, no es posible, dijo! ¿Que pasó? lo veremos en el siguiente capítulo de este cuento medio loco