“Cuando negocias debes siempre adoptar la posición maximalista, así cuando obtienes lo que quieres, tu oponente piensa que ha ganado porque cediste”, me dijo Ana María Hernández, ciudadana colombiana y buena amiga en estas lides negociadoras.  Hoy en el famoso y eficiente Instituto von Humboldt, dirigido muy bien por una científica transgénero, llamada Brigitte L. Baptiste. “Tampoco dicen lo que piensan, tienes que adivinarlo, por sus reacciones”, fue otra valiosa lección aprendida en esa época de otra querida amiga en las mismas lides: Dalia Salabarría de Cuba. De manera que así es la cosa, me dije para mis adentros; ya lo había ido aprendiendo, pero esto lo confirmaba. Aprendí en esa época también, que la negociación real (la nastayashya, verdadera en ruso) se da en los pasillos, adentro sólo se cumple lo que se conversó afuera.

Debo agradecer a Augusto Freyre, diplomático de larga data, por haber sido el único diplomático que me enseñó algunos secretos de los pasos de la negociación. Nunca le pude corresponder.

Quiero comentar una anécdota acerca de cómo hay que estar atenta a los “movimientos” de los delegados; ocurrió cuando justo se estaban por aprobar los criterios para la designación de las áreas marinas de importancia ecológica y biológica, las famosas “EBSAS”. No todos estaban de acuerdo en ese momento incluyendo nosotros; llamaré “pro” (a aquellos que impulsaban la aprobación de los criterios) y al otro bloque (que deseaba un tiempo más para aprobarlos), “anti”, sólo por facilitar la historia que estoy contando.

No diré que países estuvieron involucrados, pero el debate se prolongaba sin ningún resultado visible. Algunos países ya querían aprobarlos, por lo que llamaron a algunos delegados indecisos a conversar en el pasillo. Se nota claramente cuando los delegados salen invitados por algún país o grupo regional a conversar o negociar. Digamos que eso no está mal, es lo que corresponde. Lo que no corresponde es que diez minutos antes, había visto que los apurados por la aprobación se habían reunido y esbozaron, presumo, una estrategia. Entonces llamaron a los más débiles de los que no querían su aprobación. No sé qué conversaron, pero si estaba segura que los convencieron; uno de ellos se acercó a la más fuerte y combativa delegada en contra de la aprobación de los criterios y la llamó al pasillo, distrayéndola en el momento preciso que iban a votar. Imagínense, ya no había gente en contra, pues habían sido convencidos afuera algunos y había salido la “inconvencible”, por la que la reunión no terminaba.

¿Qué creen que había que hacer? Naturalmente, oponerse (porque además era nuestra posición) y así planteé mis objeciones pidiendo que para la decisión, estén todos los delegados presentes; con la objeción de algunos, me mantuve en esa posición, esperando su regreso. A los 10 minutos regresó la delegada y se pudo debatir. Esta es pues, una “perlita” de la negociación, a algunos les gusta por adrenalínico, a otros no.

¿Saben que pasó igual en la elección de la sede de la Secretaría Ejecutiva de un organismo internacional? Esto ocurrió en Panamá y estaban tres países en la ronda final de postulación. Cada país, es evidente que traía instrucciones políticas de su país para la votación. Eso no lo podías cambiar, a no ser que tu “capital” te dijera que lo cambiaras. De hecho, esta es una estrategia que se usa en los debates: “aún no tengo opinión, estoy consultando a mi capital” o bien “espero respuesta de mi capital”, significa que pides instrucciones a tu autoridad y no puedes tomar decisiones hasta que las recibas. No siempre es verdad, a veces es para dilatar los debates o la toma de decisiones.

Bueno retorno a la elección, quedaban dos países en la última ronda. Un grupo regional en pleno tenía una posición en bloque hacia uno de ellos. Pero las votaciones no alcanzaban la mitad más uno, el quórum necesario para la decisión. Se dio un receso de una hora. Al instante y en forma evidente, uno de los países en pugna por la sede llamó a conversar a este grupo regional por espacio de quince minutos. Lamentablemente los llamaron a un salón al costado de la sala de reuniones, súper evidente pues todos los vimos. Salieron, se volvió a votar y ¿qué creen? Este grupo regional cambió su posición de bloque hacia el otro país, el que los llamó, que al final salió elegido. ¿Qué les habrían prometido? Ninguno quiso contarlo. Así pues se manejan las cosas, en todos los niveles. No sólo en nuestro malhadado Congreso

Sin embargo, hay países que tienen un peso específico por sí solos. Es el caso de la República Popular de China. Ellos pueden si quieren detener toda una noche la decisión sobre un tema. Y así ocurrió, creo que en Bratislava, Eslovaquia si no me equivoco. Un grupo económico regional, se oponía a la propuesta de China- disculparán si no recuerdo el tema, más si la situación- y para demostrar su poder, hicieron uso de cifras como población, PBI, industrias y otros más; diciendo, usted se opone a nosotros que representamos… y seguían las cifras.

Pero no se esperaban la respuesta del Jefe de la delegación China, quien hizo uso de las mismas cifras pero referidas a su país. Recuerdo su última frase luego de exponer las cifras: “nosotros hemos demostrado que siendo un solo país, somos tanto o más que ustedes que agrupan a varios países, así que como tenemos mucho peso específico, no estamos de acuerdo en su aprobación” y la decisión pasó a ser negociada sólo con la China y ese grupo económico regional toda la noche. Vale decir que cuando este grupo regional está en su etapa final de negociación, quien aparece es el Comisionado más alto y que tiene todos los poderes para la decisión.

Bratislava, tuvo un montón de anécdotas. Allí asistió un delegado de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana – Aidesep por primera vez dentro de la delegación peruana. ¿Yo?, feliz. Después ellos asisten como parte del Foro Indígena de Biodiversidad, con peso específico propio. Era tarde en la ciudad y los tres delegados peruanos decidimos cenar antes que cierren los restaurantes. Saliendo del hotel tomamos un taxi, le dimos el nombre del sitio y esperamos llegar a nuestro destino. Luego de media hora (nos cobró carísimo el servicio) pagamos sesenta dólares.

Dijimos vale la pena y cenamos, luego de dos horas tomamos otro taxi de regreso que, sólo nos cobró 5 dólares y nos regresó en cinco minutos. ¿Por qué? ¡Porque el restaurante famoso estaba a la espalda de nuestro hotel! Habíamos caído redonditos como los ingenuos turistas que éramos. En todas partes se cuecen habas!

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