Sin ninguna duda París es la ciudad del amor, cafés y vida para quien puede verla y disfrutarla; para mí fue, además de eso, la ciudad del desafío para entender cómo revertir la pérdida de la biodiversidad y fue necesario este espacio de debate científico sobre las prioridades de trabajo.
Y allí anduve, pensando que a mi regreso tendría un trabajo duro por delante. A partir de allí, me comprometí con la necesidad de un trabajo compartido, consensuado y participativo; mismo que ha marcado todo el derrotero de esa etapa.
Pasar por la torre Eiffel todos los días y luego ir a su encuentro, morir de dicha con un paseo junto al rio Sena y entrar al Museo del Louvre aunque sea por un rato ya que es inmenso, completaron la faena de un trabajo duro en la sede la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la Cultura, UNESCO siglas en inglés).

¿Comer?..oh la, la, la gastronomía francesa… fue en un pequeño y parisino restorán, donde junto con tres colegas de Cuba, Brasil y Ecuador, pedimos un plato con pescado encurtido y semicrudo, de insuperable y extraño sabor, que me trajo reminiscencias rusas; pan francés y un delicioso licor de arándano. ¿Los demás platos? Los usuales y deliciosos, pero quedan a su imaginación y profundo conocimiento de la gastronomía parisina.
Importantes decisiones se tomaron en esta primera reunión del órgano científico, que debía proporcionar evaluaciones del estado de la diversidad biológica; evaluaciones de los tipos de medidas adoptadas de conformidad con las disposiciones del CDB y responder a las preguntas técnicas que la COP le haga. Sucesivas reuniones de discusión modelaron el programa científico y los distintos instrumentos para la evaluación de la diversidad biológica.
Entremos ahora al famoso Reino de SIAM, objeto de tantas novelas y películas, incluyendo el “Puente sobre el Rio Kwai” ¿recuerdan? Ahora es llamado Tailandia, el país que jamás fue colonia. Es la tierra del pueblo thai y allí fue que por primera vez quisieron darme a probar insectos fritos en los populares comedores callejeros.
Pequeños carros donde hay más de 200 especies de insectos comestibles, desde grillos, saltamontes, gusanos de seda y cucarachas de agua. Sin que suene a risa o barbaridad, los insectos son considerados por la FAO como “superalimentos” y los tailandeses han logrado hacer con ellos una interesante cadena de valor comercial.

Lamentablemente yo, una auténtica “farang” – extranjera… no los probé. Me moría si los comía, verlos vivos en grandes peceras de las que sólo saldrían en pequeños montones a ser fritos; me moría primero. Fuera de bromas, su gastronomía es deliciosa y a pesar que tiene mucho en común con la comida asiática de alrededor, existe algo que la diferencia y no sé si son los maníes largos, la cebolla o el ajo; pero es muy rica y no siempre es picante como en otros países. Ese día de la experiencia de insectos, me dieron el más relajante masaje de mi vida, el “masaje thai”.
Nadie puede irse del reino Thai, sin visitar el famoso mercado flotante de Damnoen Saduak, a unos 110 kilómetros al oeste de Bangkok. Nos organizaron una visita y la verdad, uno se imagina que vuelve a la época del Reino de Siam ya que es la forma tradicional de comprar y vender frutas, verduras y otros productos desde barcos pequeños. Aunque no logras entender nada, la amabilidad y sencillez de las personas te conquista.

Lo más delicioso era encontrar fruta fresca en tu habitación cada mañana. A mí me gustó mucho el rambután, que es como una fruta roja y con pelo parecida a una uva. La he visto alguna vez en Lima, pero más la recuerdo en el Ecuador donde le decían achotillo, aunque no es original de allí. Eso si me perdí mucho de la vida nocturna y diversión, en esta ciudad de contrastes y llamada “ciudad de los ángeles”.
En esa reunión ya se empezaba a pensar cómo lograr las metas propuestas al 2010. No se pensó luego que todo sería un fracaso, pues sólo se había cumplido la meta sobre áreas protegidas.
Como ya teníamos ante nosotros los programas de trabajo sobre la diversidad biológica marina y costera, la diversidad biológica agrícola y la diversidad biológica de los ecosistemas de aguas interiores y avizorándose el programa de biodiversidad forestal por los palos; había pues que saber cómo funcionaban en los países, hacer lineamientos para los países, mecanismos de reporte y en fin una serie de instrumentos que la verdad sea dicha, los países terminaban confundidos y fastidiados, pues no acababan de asimilar uno, cuando ¡zas! Surgía otro nuevo…. Difícil realmente.
Lo que más ha costado durante estos años- y creo que todavía hay tarea pendiente- es que se conceptualice a la biodiversidad más allá de solo especies y su conservación, quedando permanente la visión recursista de explotación del recurso sin tomar en cuenta los procesos o ciclos. Por eso cito al Director General de la FAO, Dr. Jacques Diouf que en el 2008 dijo en la reunión del órgano científico en Roma: “Si bien la agricultura era uno de los principales impulsores de la pérdida de diversidad biológica, alimentar a una población en crecimiento constante de manera sostenible constituía un importante reto”.
La visión de Diouf estuvo mal orientada en realidad porque generalizó. Yo creo que eso ocurre en los casos de agricultura migratoria y cuando se destruye bosque primario para agricultura, pero en nuestro país precisamente por la agricultura tradicional y diversa, los conocimientos tradicionales y las tecnologías ancestrales aplicadas en nuestro territorio es que tenemos tal cantidad de diversidad agrícola- biodiversidad agrícola
En esa reunión, el Ministro de Medio Ambiente, Tierras y Mares de Italia, habló de la necesidad de un informe sobre la diversidad biológica bien documentado, del tipo Informe Stern como herramienta útil para impulsar acciones en biodiversidad integradas en la economía. ¿Por qué lo resalto?
Porque si se hubiera relacionado desde un inicio la economía y la biodiversidad otras hubieran sido las acciones y la incidencia; lamentablemente, sólo se le relacionó con la protección de les especies y los espacios intocables. Desandar esa ruta – o estigma si lo quieren llamar así- es más difícil de lo que pensamos pues ya otros temas ocuparon ese lugar.
Siempre preocupa que se cumplan los plazos por esta razón la Unión Mundial para la Naturaleza – UICN puso en marcha la iniciativa Cuenta Atrás 2010, para que los gobiernos europeos y la sociedad civil tomen medidas para frenar la pérdida de biodiversidad antes del 2010. Nos habíamos comprometido todos los países y aún ni siquiera entendíamos a la biodiversidad en todo su contexto ¡qué terrible!
Bueno, Roma resultó ser la ciudad de mi resfrío y a la vez la ciudad grandiosa y bullangera. La entrada al metro no era un dechado de limpieza precisamente porque allí se fuma mucho. Como estaba alojada cerca al Coliseo Romano en un lindo y tradicional hotel, eso me permitía dos cosas, pasar todos los días por allí y tomar un delicioso café matutino con un bollo de camino a la reunión en la calle “San Giovanni in Laterano” para luego más allá entrar al metro.

Claro la Fuente de Trevi , visita obligada para disfrutar de la maravilla de sus esculturas, en particular, la de Neptuno. Aparecí allí luego de caminar por unas callecitas cercanas a la “via del Tritone” y sin imaginar lo grandioso de su aparición ¡fue una maravilla!
Esto me hace recordar que así me pasó en el Museo Hermitage en Leningrado -rebautizada ahora como San Petersburgo- resulta que estaba muy cansada de recorrer sus espacios inmensos y sólo quería sentarme porque no encontraba el salón de Rembrandt -pintor de mi más secreta admiración- cuando al dar la vuelta a la izquierda buscando irme, apareció ante mí el dichoso salón, fue grandioso y espectacular subir las escaleras esperando disfrutar de su obra y al instante ¡se me pasó el cansancio!
Finalmente, el paseo al final de la reunión me permitió conocer también el Panteón de Agripa o Panteón de Roma y el Arco de Constantino. No cruce nunca el río Tíber para visitar el Vaticano más por falta de tiempo que de ganas. Quedó como visita pendiente….