
Mi amiga, la Araña de colores:
Resulta que en el fondo del patio, junto a una gran madreselva, vivía una araña de grandes patas a la que siempre visitaba.
Me gustaba mucho porque era de colores y a mí me parecía que eso la hacía más alegre y amigable y como la creía mi amiga, la llamé “arcoíris”; a pesar que mi tía juanita, me decía muy seria: “niña, nunca te acerques a las arañas”.
Y como la tía siempre estaba seria y no jugaba con nadie, me dije que jamás le contaría nada de mi amiga. Lo cual a mí me daba pena, pues el verla caminando con sus colores era más divertido que las advertencias de mi tía.
Más un día cualquiera, como los que pasan en la vida de todos, no la encontré, sólo estaba su telaraña vacía, la busqué por todos lados, en la casa, el jardín, la calle; pero no la pude encontrar y con mucha pena me fui a dormir, luego de cenar y contarle muy triste a mi mamá lo sucedido. Mi mamá me dijo que seguro había ido a buscar algo que necesitaba y que si éramos muy amigas, seguro la encontraría en mis sueños.
Esa promesa hizo que me fuera a dormir más rápido y con muchas ansias de encontrarla y charlar como viejas amigas un buen rato. “Hola”, me dijo en mis sueños una carita con ocho alegres ojos; “¿cómo estás?, te quiero contar porque no me encontraste hoy, a ver si me ayudas”. ¿Yo? Le dije, encantada de ayudarte; ¿qué puedo hacer por ti?. Muchísimo puedes hacer, por mí y mis hijitas…. ¿Cómo, ni me digas, donde están tus hijitas?, le contesté asombrada, pues no había visto ni por asomo a ninguna arañita colorida dando vueltas junto a ella; pero ella decía, “mis hijitas” y yo pensaba, cuántas serían? ¿8, 15, 20?, no sería difícil ayudarla.
¿Sabes qué?, me contestó, mis hijitas son 55 exactamente, todas igualitas y alegres caminadoras como yo”. Imaginen mi sorpresa, casi me muero, ¿qué haría yo llevando a 55 arañitas conmigo? ¿Y si me ven? ¿Y si mi tía Juanita las ve? Se desmayaría y me prohibiría acercarme a la casa de arcoíris, pensé yo. Pero igual, es necesario apoyar a los amigos en apuros, así que me dije, manos a la obra!
Arcoiris me indicó que como ya no podía estar suspendida entre las ramas y que debía buscar un hueco grande y protegido, mientras sus hijitas crecían, a fin de alejarlas de los insectos, ratones y demás bichos que eran perjudiciales. Ya al crecer cada una de sus hijitas tejería su propia casa. Pensando en cómo hacerlo…me desperté!
Luego de vestirme, descubrí que no tenía quien me ayudara en ese momento pues mi mamá había ya salido y era urgente. ¿Cómo hacer, a quién acudir? así que llamé a mi ¡Tía Juanita! Que lejos estaba yo de imaginar cuan solidaria y amable podría ser mi seria tía; aprendería como lección de vida que: “nunca debes juzgar a las personas por su apariencia”.
Bueno, resulta que mi tía conocía un lugar, seco y confortable, dentro del mismo muro y allí íbamos a llevar a mi amiga y sus hijitas. Ella cogió una caja de cartón y luego de colocar varias hojitas y mosquitas dentro, fuimos en busca de arcoíris. Inmediatamente todas se metieron en la cajita y las llevamos a ese lugar.