Es viernes por la mañana en la puna cerca a la laguna Pichgococha, la mas linda de las cinco lagunas en la sierra del Perú, llegó corriendo Anita, una joven puma ganandole la carrera a sus dos primos.  Al llegar sus primos la encontraron dando saltos y rugidos de felicidad y diciendoles ¿vieron? ¿vieron? soy Anita la pumita mas veloz de estas tierras y nadie me gana. Seguro – dijeron al unísono sus primos con asombro y mal disimulada pena.

¿Pena por haberles ganado? No, nunca, pues la querían mucho y eso no les importaba, mientras fuera feliz Anita…. en tanto…. y, allí se callaban y se les rompía el corazón.

Ah caramba, pues ¿que pasaba?, pues conocerán la historia que una noche de luna junto al fuego, Moisés, el agricultor conservacionista mas antiguo y sabio de la zona, me contó.

Resulta que el papá de Anita, un grande y hermoso puma llamado Gilberto, recorría el campo buscando comida para sus dos hijos. Había sido un invierno muy duro y frío y en la búsqueda, se dirigió a una cueva en la montaña, donde descansaba una extraña pero suculenta ave. Ver el ave, admirar su tamaño y peso, pensar en sus hijos y la comida, fue todo en uno. Demás está contar que los pumitas no tuvieron hambre esa noche y muchas otras mas.

Bueno, la historia quedaría alli sino fuera porque esa ave, era un  duende de las minas convertido por un hechicero en castigo a su imprudencia con los hijos de los mineros. Estaba destinado a continuar siendo ave hasta que algun ser vivo tomara su lugar y se convirtiera en peluche, sirviendo de juguete a otros niños.

Cuando el papá puma lo supo, su corazón dio un vuelco, ¿cómo abandonaría a su familia? ¿quien vería por ellos? pero se armó de valor y los reunió cerca al árbol familiar de la quina para contarles lo sucedido. No te preocupes papá – le dijo alegremente Anita – yo tomaré tu lugar, siempre he querido conocer otros lugares y ser útil a otros, no me será dificil.

Asombrada y con pena, la familia aceptó el ofrecimiento de la pequeña pumita. El gran hechicero aceptó el canje y le dijo que, cuando el sol estuviera en lo mas alto del sexto día del año humano, ocurriría la transformación. Solo puso una condición, que Anita aceptaría y cuidaría al niño al que iba a ser regalada.

Y aqui está la razón de la pena en los dos primos. extrañarían a Anita y su alegre risa. Al final, ella fue a parar a los brazos de la hija de un minero y fue totalmente feliz hasta el principio y la etermidad de los días.

PUMA (Puma concolor)

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