De bonita cola peluda y ojitos con mascarita, nuestro amigo el hurón, era pues la mascota más juguetona y corredora que te puedas imaginar. Resulta que era la mascota y mejor amigo de Pepín ambrosio, un niño de 8 años, tan juguetón y corredor como el hurón.
Sólo que había una pequeña complicación en esa amistad, ¿sabes cuál era?, pues.. que no podían estar juntos, porque Archibaldo, que así se llama nuestro amigo hurón, vivía en el campo junto con su familia y Pepín.. vivía en la ciudad al lado de la suya! extraña combinación para tener una amistad ¿no lo creen?.
Pero como esta historia trata de la amistad, aquella verdadera, profunda, sincera y capaz de vencer el tiempo… diremos que estos amigos, al final se encontraron y vivieron felices “comiendo percides”. ¡alto!, ese es otro cuento, no vale confundirse. diré que su amistad duró lo que dura el infinito y mas allá!

¿cómo empezó?, pues cuando Pepín fue de visita a la granja de su tía Lola; una tía que él quería mucho porque era olvidadiza y alegre. se olvidaba pronto de sus travesuras y le alegraba el dia con sus cantos y bailes. Uno de esos días en los que sabes que ocurrirá algo importante, pero no sabes que, a Pepín se le antojó salir mas allá de la granja a explorar y que cosas exploró la verdad!!
En una de esas, escuchó un quejido, luego un grito y mas tarde un llanto quedito, quedito… ¿quien será? se preguntó Pepin. Entonces al buscar, miró debajo de un montón de hierbas y encontró a archibaldo que se quejaba y lloraba porque se le habia metido una espiita en su patita.
Pepín que era muy diestro en sacar espinas de su mano, ayudó al hurón sacandole la espina y desde aquel día, Archibaldo iba a buscarlo todos los días a la punta de la cerca que había debajo de la ventana de su cuarto. Y así cada día saltaban, jugaban, cantaban y hacían miles de cosas juntos en ese verano. Mas un día llegó, como llega todo alguna vez, el invierno y el momento de regresar a clases en el colegio para Pepín. No está demás decir que difícil le fue despedirse de su amigo, mas difícil aún decírselo y que lo entendiera. El era humano y Archibaldo no iba al colegio, al menos no a un colegio de humanos.
Con mucha pena se despidieron, aunque Archibaldo corrió y corrió detrás del auto que se llevaba a Pepín. hasta que se perdió a la distancia Pero el era cazador y sabía que podría buscarlo aunque no lo viera.
Y así fue, emprendió el viaje hasta la ciudad. Jamás había visto la ciudad y no sabia ai le gustaría pues el era un animal que vivía en el campo. Demoró mes y medio mas o menos, pero el olor lo llevó a una puerta marrón, la que empezó a arañar. Sorprendidos, los dueños de la casa abrieron la puerta y se asustaron al encontrar un hurón en la puerta de su casa! ¿qué hará por acá?
“Pronto, cierra la puerta” dijo la señora asustada, cuando apareció Pepín, bastante sorprendido y feliz al mismo tiempo, corrió hacia Archibaldo y le dio un gran abrazo. Ambos se saludaron con cariño.
Bueno, imaginarás que Archibaldo se quedó a vivir con Pepín, pues existen muchas mascotas hurones en la ciudad, no es así?
Pues, no lo es, porque cuando uno quiere mucho a una persona quiere que sea feliz y libre. Archibaldo era un hurón acostumbrado a la libertad y Pepín no podia, asi lo quisiera mucho obligarlo a vivir en la ciudad. Asi que decidierom ambos que conservarían mejor su amistad si esperaban los veranos para encontrarse. Y así fue, vivierpn muchos años de amistad, ambos conocieron luego a las familias que formaron y sus hijos y nietos, humanos y animales se reunían todos los veranos en la casa de la tía Lola para saltar, jugar y divertirse juntos.
