En la tarde sedienta de un largo y ardiente verano me invadió la frescura del alma redimida, tan súbita y generosamente que no pude responder.
En la tarde sedienta de un largo y ardiente verano, desapareció el arcoíris y la luz monocroma del fuego invadió el espacio de la línea unida al horizonte.
En la tarde sedienta de un largo y ardiente verano, la luz tan fulgurante y grandiosa me invadió tanto el alma, que en mis ojos quedó para siempre.
Y la recuerdo, tan viva y palpitante como si fuera ayer, como si fueran todos los días el mismo día, como si nunca muriera, como si hubiera perdido mis ojos en esa tarde sedienta de un largo y ardiente verano volviendo al espacio dulce y sencillo de tu cuerpo.

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