Imaginen un tornado acercándose a ustedes rápidamente y sin que se den cuenta, ya están dentro de su vórtice y su vorágine y velocidad los atrapa. Ya no pueden salir y esperan, pues creen que tiene un final, pero ¡No! Sigue el ritmo al parecer inacabable. Entonces, tienes que aprender a sortear los obstáculos, vencer o morir en el intento. Bueno, cualquiera de las tres opciones las procuré hacer durante 28 años de mi vida.
¿Por qué viajé a Ginebra y a Nairobi? Porque ya había empezado el trabajo de cumplir nuestros compromisos con este tratado de la tierra que llamaré coloquialmente: CDB = CeDeBé

Entonces había que “ordenar la casa”, organizarse y preparar algún esquema de orden para implementar esta tratado de manera ordenada. Implementar, la famosa palabra que quedó en mi esquema mental en forma permanente. ¿Qué significa? Según la Real Academia Española es poner en funcionamiento, aplicar medidas y métodos para llevar a cabo algo. Y este tema del tratado de la vida en la tierra, ¿cómo se pone en práctica real?

En el caso del Perú ¿cómo se haría? si la única relación de los peruanos y los políticos con su biodiversidad en esa época, era la siguiente: “biodiversidad es la gran cantidad de especies que tenemos y por eso hay que cuidarlas y protegerlas en las áreas naturales”. Sin tocar ¡por favor! Lo que si podías aprovechar eran los recursos naturales renovables, que eran los bosques, el aire, la flora y la fauna, el agua. Por eso se llamaban recursos, porque podían ser utilizados por el hombre para alguna actividad o bien para lograr un objetivo.
Acorde a mi experiencia, esa “visión recursista” de los 70´s aún persiste en algunos niveles de gobierno y algunos funcionarios públicos; dejando a la biodiversidad recluida en los parques nacionales y a cargo de comunidades o guardaparques, por eso la biodiversidad no entra en la ruta económica.

Creo que inclusive ilusamente algunos hablamos de la agrobiodiversidad como un elemento importante en la economía gracias a la gastronomía; pero, la verdad sea dicha, sólo es otra forma de nombrar a la agricultura y aprovecharla, sin mayor cambio. En mi opinión, mientras esto no cambie, seguiremos siendo “los campeones de la biodiversidad”, “los megadiversos”, para la foto, pero no para los que toman decisiones económicas.
Bueno, ya habrá otro capítulo sobre este binomio biodiversidad/gastronomía, por ahora déjenme contarles que pasó en estas dos reuniones y si fueron útiles o no.

Para el caso de la necesaria “implementación”, se programaron algunas reuniones de trabajo encargándosele la tarea al “Comité Intergubernamental del CDB” integrado por representantes de todos los países que han firmado ese acuerdo y que quieren que funcione bien. Pues bien, para el CDB ocurrieron dos reuniones de este Comité, la primera en Ginebra, Suiza a fines de 1993 y la segunda en junio de 1994 en Nairobi, Kenia.
Y es así que, Ginebra a menudo tan formal, ordenada y silenciosa se descubre bella y colorida en otoño y más aún cuando tienes ante ella la primera reunión por la biodiversidad. El Perú estuvo presente y en su primera presentación, habló pidiendo que se respeten los derechos de los agricultores; años después apoyaríamos el programa de biodiversidad agrícola y seguiríamos insistiendo en esos derechos.

Por mi parte volvería dos o tres veces más a Ginebra, siempre para negociar, pero nunca la sentí tan hermosa ni me regaló tanto en experiencia, disfruté de su lujo, conocimiento y colegas que seguiría viendo a lo largo de los años, como la primera vez. Disfruté de su lujo, significa que en esa época viajábamos en primera clase, nos alojaban en hoteles de cinco estrellas y nos daban muy buenos viáticos. Iré en contra de cierta filosofía de vida que se rige por lo de: “quien conoce tus secretos es tu amo, así sea tu esclavo” y les contaré que me regalé a mí misma, una preciosa y costosísima bata del hotel.

Bueno pues, para la segunda reunión viajé a Nairobi, Kenia. En esa particular ocasión, tuve que correr a mi hotel porque una pequeña revuelta en esa época, había alcanzado las calles cercanas. Porque cuando llegué aún ocurrían disturbios interétnicos, algunos de ellos provocaron la muerte de miles de personas y dejaron a decenas de miles sin hogar.
La historia de Kenia por dejar de ser colonia británica fue muy dura y los Kikuyu, tuvieron un rol muy importante en ese proceso. Seguro han oído hablar de la Guerra de los Mau Mau, pues bien, el Presidente de la Asociación de Veteranos de la Guerra Mau Mau, Gitu wa Kahengeri dijo al obtener reparación de Gran Bretaña: “Éramos un movimiento de masas organizado para liberar Kenia de la dominación colonial” y recién en el año 2003, el Presidente Mwai Kibaki eliminó la norma que ilegalizaba a los Mau Mau. Debo comentarles que en Kenia existen más de 40 grupos étnicos.

Por eso, aun cuando digo en broma que me quedé sin ir al “Carnívore”, restaurante donde podía comer carnes variadas incluyendo cocodrilo, gacela, serpiente, cebra, avestruz, camello con papas, les digo que la realidad era muy dura; he visto crecer y sentirse orgullosos de lo que son a los Kenianos, que ocupan el 60% de los puestos en el Programa de la Naciones Unidas por el Medio Ambiente – PNUMA ubicado en Nairobi. No fue sencillo ubicarme, pero una vez reunidos para acordar aspectos de funcionamiento del CDB, todo fluyó más suave y en armonía, inclusive la compra de artesanías. En mi segundo y tercer viaje a Kenia ocurrieron otras anécdotas que contaré más tarde.

Mi anécdota favorita en este primer viaje a Nairobi -luego vendrían otros cuatro más con sus respectivas anécdotas- ocurrió al entrar a migraciones. Resulta que al viajar, muy pocas veces piensas en ahorrar, más si en comprar recuerdos, regalos; ese por el momento no era totalmente mi caso porque en esa ocasión, no llevaba en mi monedero más allá de cinco dólares y además no tenía tarjeta de crédito (la tendría años después, pero esa es otra historia anecdótica también).

A pesar que me indicaron que la visa me la darían al entrar, nadie me dijo que tenía que pagar treinta dólares, ¿de dónde pecata mea? Se imaginan……”No señora, no puede entrar” me dijo muy serio el guardia, parecido a un Masai, flaco y altísimo. Ay caray, dije para mis adentros, me quedaré acá los cinco días que dura la reunión, ni modo. Imagínense mi desconcierto sobre dónde dormiría y cómo me alimentaría, así que me senté al fondo de la sala leyendo mi biblia de bolsillo, cuando a las dos horas veo al mismo guardia asomar su cabeza por una puerta y mover su mano agitadamente ¡llamándome! Me hizo entrar a una habitación, calladamente, selló mi pasaporte y me señaló la salida. Felizmente afuera continuaban llegando delegados, muchos de ellos iban hacia mi hotel y me fui con ellos, entre asombrada y en paz.
Y conocí más de nuestros amigos kenianos y de los famosos Masai, gracias a la Dra. Rosanna Silva Repetto, funcionaria peruana del PNUMA que me alojó en su preciosa casa en mi último viaje a Nairobi, disfruté claro está de su hermosa familia.

Luego vino México y la reunión de expertos en biodiversidad…. La ciudad de México en abril de 1994, me hizo notar cuanto nos parecemos ambos países a pesar de su comida picante y sus charros. Allí se reunieron muchos científicos del mundo a delinear un plan científico y técnico sobre biodiversidad, en esa reunión eligieron al doctor José Sarukhán de México y a Peter J. Schei de Noruega como parte de la mesa directiva del futuro organismo científico asesor. Ellos moldearon el trabajo de este órgano asesor y la verdad, no se equivocaron.
En esa época ocurrían en el Zócalo, nombre de la Plaza Mayor de la ciudad de México, renovaciones y excavaciones que impedían el paso, por eso no la pude visitar toda, pero si me di tiempo para pasear mientras una pregunta martillaba mi cerebro: ¿Cómo dar a conocer esto? ¿A quién convocar? ¿Cómo trabajar? ¿Sistematizar tecnologías existentes, con quiénes y cómo? No sería fácil, había desaparecido la ONERN y empezábamos en una nueva institución de corte más enfocado a la gestión, el también ahora desaparecido Instituto Nacional de Recursos Naturales – Inrena.

En la ciudad de México pude admirar el trabajo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad – Conabio y su importante trabajo; en el Perú, habíamos constituido la Comisión Nacional de Diversidad Biológica – Conadib, primero por una norma legal de agricultura (Resolución Suprema N° 226-93-MINAG) que establecía la presidencia en el Instituto Nacional de Recursos Naturales -Inrena, pero como ocurre algunas veces, fue derogado luego por la Resolución Suprema N° 227-93-RE, que trasladaba la presidencia de la comisión a la Cancillería. ¡Auch! Eso dolió, tanto nadar para recalar en la playa. Años después, con la creación del Consejo Nacional del Ambiente – CONAM, retornaría a la autoridad ambiental con la Resolución Suprema N° 085-96-RE.

Claro, las diferencias eran sustanciales. En México, la presidía el Presidente de la Nación y por esa condición, nació con dote: “cinco millones de dólares” de entrada. Fue creada como una institución en sí misma. Entonces, caminando por la plaza, decidí que a través de ella -la Conadib- iniciaríamos ese proceso de convocatoria e información tan necesario para la gestión de la biodiversidad, mientras un grupo de charros cantaba cerca de la Catedral.

Ahora, aterricemos en Nassau, Bahamas, entre noviembre y diciembre de 1994, a la primera Conferencia de los Países Parte y a la que llamaré a partir de ahora por su nombre familiar: la COP. ¡Y allí estábamos en la capital y centro comercial y cultural de las Bahamas! En el Hotel Radisson Cable Beach, con todo su esplendor y belleza, más de 92 países en condición de miembros con pleno derecho a voz y voto.
Debo confesar que la impresión al ver por primera vez el esmeralda transparente del mar del Caribe y la belleza de sus playas, casi me hace olvidar el motivo de mi llegada allá. Que ganas de quedarme echada en la playa disfrutando de ese sol caribeño y la belleza de su playa y en un magnífico hotel de primera clase, pero otro era el cantar. Debíamos atender la reunión y acordar el primer plan de trabajo, entre otros temas.
Que se incluyera la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad marino costera desde el inicio del CDB, fue propuesta del Perú. Hemos coordinado mucho para que destaquemos, pero qué pena que teniendo un mar tan rico, productivo y con tanta experiencia, pongamos reservas a nivel global a algunos temas de suyo importantes. Por eso afirmo que mirar el mundo de forma dinámica y no encasillar el pensamiento en cosas sin sentido, es vital para las negociaciones. No todos lo entienden y nuestras victorias en aspectos marinos en el marco del CDB son pírricas (Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”, decía Pirro) según mi opinión.

¿Y la gran manzana? No recuerdo el motivo exacto de las tres veces que fui a Nueva York, pero todas han sido por reuniones de expertos y alrededor de los temas de biodiversidad. Pero la anécdota más recordada para mí, ocurrió allá. Lo que pasó me permitió conocer a Don Hesiquio Benítez, biólogo de la Conabio y gran negociador por México. Siempre me impresionó su preocupación por guardar en datos todo lo relacionado al CDB –México y lo logró…. Nosotros no pudimos; porque sí, porque no, porque quizá, porque… ¿para qué?
En ese viaje y sin darme cuenta siquiera, perdí mi pasaporte y monedero camino a la sede de Naciones Unidas, ¿qué hacer?, ¿cómo entrar? Allí andaba yo ¡más extraviada!, cuando se apareció Hesiquio y me preguntó, ¿eres tu tal persona?.. ¡Qué cara de despistada, angustiada y preocupada que tendría! Si le contesté y él sonriendo, ¡me devolvió los documentos perdidos!

Cuando fuimos a almorzar, me contó que los había encontrado en la calle. Si señores, en la calle cercana al edificio. Intuitivamente, los recogió esperando dárselos a algún angustiado de por allí. Cuando leyó mi nombre recordó que había una peruana en la reunión. Desde esa fecha hemos recorrido, muy cercanos en posición, los caminos divertidos y frustrantes al mismo tiempo de las negociaciones. A menudo hicimos referencia en nuestras conversaciones con otros colegas, las circunstancias en las que nos conocimos. Considero que ha crecido en grandeza, sabiduría y astucia bien por él, pues es muy respetado por todos los que lo conocen.
¿Qué cosas, no? Viajar en esa época, más de 25 años atrás, significaba en mi caso perder contacto con tu familia. No saber nada de ellos hasta regresar, duro y difícil tomando en cuenta la época y la situación personal. Hoy es tan fácil y tan en tiempo real la comunicación que puedes ver en vivo y en directo cualquier acontecimiento familiar. Hoy además, encuentras casi todo lo que buscas sin moverte de casa.

Ese fue el inicio de todo y puedo decirles que trabajé tranquila en esa época, siempre apoyada y tratando de dar lo mejor de mí, convocando, informando (lo poco que se podía); sin sospechar, lo que vendría después, envidias, subterfugios, zancadillas, “chuponeos”, en fin; me costó aprender que el ser humano puede ser generoso y cruel al mismo tiempo, que es territorial a no más, que sí existe la “política del cangrejo”, ¿recuerdan? Aquella en la que el cangrejo que está abajo siempre jala al que está subiendo en el balde para que ninguno suba. Que no importan los medios con tal de lograr lo que busco y que puedo acuchillarte mientras te sonrío.

Duras lecciones, más frecuentes de lo que se piensa en el ámbito profesional – tienen su espacio en lo personal también- para eso sin embargo, tienes dos opciones, encapsularte o mantener tu corazón libre de esas mezquindades y avanzar. Yo escogí la última opción y no me arrepiento, total, todo es cíclico y mientras menos rencores y odios acumules, ¡eres más libre!

No escribo para los convencidos sobre lo que es la biodiversidad; siendo un país megadiverso y de oportunidades, nunca llegamos a darle el sitial que se merece.

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